Ahora os estaréis preguntando a qué viene esto. Pues nada, que mientras preparo una reseña me apetecía poner algo en el blog, y me vino a la mente una mini historia que escribí en un juego de los foros de Laura Gallego. La pregunta era ésta, y había que contestarla inventándote una especie de cuento o relato corto. Ya sé que es una tontería lo que contesté, pero como no sabía qué publicar en el blog, pues... aquí va:
¿Por qué no hay lápices sin punta?
La respuesta es sencilla. Como todo el mundo sabe, los tiburones poseen cuatro o cinco filas de dientes. Cuando un diente se le cae, a los pocos días le crece otro. Y no, no importa que el diente no sea de leche, le crece aunque se lo rompa quinientas treinta y siete veces. Por otra parte, los tiburones tardan treinta minutos en lavárselos, y ya no digamos en pasar el hilo dental, cosa que no hacen casi nunca.
Los lápices son, en cierto sentido, parecidos a los tiburones. Cuando la punta se les rompe, automáticamente les crece otra, aunque tardan aproximadamente entre tres y cuatro semanas, lo que les resulta bastante fastidioso. ¿Y cómo es que los lápices y los tiburones tienen esa característica común, aparentemente siendo dos seres tan diferentes? La respuesta es sencilla. Ambos provienen del mismo animal prehistórico, el tiburonus-lapicicus. Esta especie fue evolucionando y se dividió en dos ramas: la de los lápices y la de los tiburones.
El tiburonus-lapicicus se extinguió hace ya millones de años, pero estas dos especies continúan siendo muy frecuentes en la actualidad.
Aún así, existen diferencias más que notables entre una y otra.
Los tiburones poseen cuatro o cinco filas de dientes, mientras que los lápices solo cuentan con UNA punta. Los tiburones tardan media hora en lavárselos, pero los lápices en menos de treinta segundos ya están listos, con la ventaja de que ni siquiera tienen que utilizar el molesto hilo dental. Además, los dientes de los tiburones son afilados, y los de los lápices... bueno, depende a qué dentista vayan.
¿Dentista? Os preguntaréis. Oh, sí. Hay muchísimos dentistas lapiceros, de todas las edades y religiones. Muchos se encuentran en las escuelas.
Los dentistas lapiceros actúan con un instrumento llamado afilalápices. A los lápices, la simple mención de este nombre les produce escalofríos. Afilar la punta de un lápiz, sin anestesia ni nada... eso les duele un montón, además se conseguiría el mismo resultado esperando,durante tres o cuatro semanas, a que la punta se regenerara sola, lo que les resulta indoloro a los lápices. Llevan un montón de tiempo intentando decirnos que esperemos, pero nosotros no comprendemos su idioma. ¿Nunca os habéis encontrado un lápiz que, por más que lo afiláis y lo afiláis, la punta se rompe y nunca sois capaces de afilarlo en condiciones? Incluso la punta se queda enganchada en el sacapuntas y tenéis que golpearlo contra la mesa o tratar de sacarla a la fuerza. No os engañéis, ése es su mensaje, quieren que esperemos un poco antes de afilarlos. Pero no lo comprendemos.
Qué le vamos a hacer.
Los humanos somos unos impacientes.
Sí, lo sé, se me fue mucho la olla, pero me apetecía poner algo hoy, que ya hacía tiempo que no publicaba ninguna entrada.
Por cierto: ¡España gana el mundial! ¡Bieeen! =P
domingo, 11 de julio de 2010
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Me gusta tu relato XD Es bastante lol y original. Ahora me dan pena los lápices, pobretos ellos >.<
ResponderSuprimirSí, se nota que me aburría mucho cuando lo escribí xDDD
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